Como dijo un Filosofo Francés, la verdad es “lo que
la sociedad se acostumbra”.
Cuando apenas existían medios de comunicación en la
década de los sesenta muchos temían que las ideas, los pensamientos , el modo
de vida estuvieran en peligro porque los medios de comunicación y la
publicidad-- “ le comieran el coco a uno”. ---Han pasado 40 años de los
movimientos de los años sesenta y ya no queda "coco que comer".
-------LOS DERECHOS HUMANOS.
Nosotros, los civilizados, los occidentales, los
democráticos, los que respetamos los derechos humanos, los que pregonamos ser de izquierdas, los pacifistas que vendemos armas a los
africanos, los que vamos en labores humanitarias con
fusiles, tanques, mísiles y matando, de vez en cuando , a uno de esos inferiores salvajes nativos a
los que ayudamos.
Nosotros
somos portadores de la verdad,
somos superiores.
Nuestra cultura es mejor; somos potencia
económica y debemos velar -de forma humanitaria- con las “armas
adecuadas” a aquellos de otras culturas
y civilizaciones que no sean de la
nuestra.
Nosotros que pregonamos ser de izquierda, aunque
alguno vote a la derecha; como
miembros de honor del mundo civilizado
(-somos la octava potencia mundial-) respetamos los derechos humanos y somos
los más cualificados para decir
quienes los respetan y quienes no.
Igualmente
somos los más adecuados para decir qué países son los democráticos y
quienes no lo son.
El pueblo español, seres de lo más perfectos,
podemos decir sin alterar el semblante,
quienes son o no son
democráticos, pues desde chiquititos
tenemos aptitudes de izquierda y democracia. El ser democrático en todo momento es algo natural en
nosotros. Los españoles somos tan
perfectos que aunque seamos laicos nos deberían llamar Ángeles.
Nosotros, los civilizados, los occidentales, los del
sentir de izquierda, deberíamos denunciar
a esos salvajes, incultos y
con otra filosofía, que no respetan los derechos humanos.
Estos salvajes
usan “LA
DISCRIMINACIÓN POSITIVA” PARA DISCRIMINAR POR
SEXO O POR POSICIÓN ECONOMICA.
( artículos 2 y 7 )
Imagínese
que son capaces de usar
distintas leyes para tratar a la mujer o al hombre, castigando con penas
mayores a los de un sexo que a
los del otro.
Imagínese
que hay tribunales para
castigar a los de un sexo y en esos
tribunales ni se castigan ni son juzgados los del otro sexo.
Imagínese que en caso de disolución del
matrimonio, uno de los sexos sale normalmente favorecido
por los tribunales respecto al otro,
vulnerándose de forma clara el artículo 16.
Imagínese
que limitan la libertad de opinión y de expresión, señalando que en unos supuestos o en otros,
el expresar tu opinión es perseguible como delito.
Imagínese
que para hacer manifestaciones,
o para reunirse un grupo de personas, se necesita autorización de la
autoridad.
Imagínese tratos crueles, inhumanos y
degradantes, pues con los terroristas
no caben contemplaciones y que incluso
se les marque en la frente, se les pongan cadenas o se les pongan
pulseras que indiquen en qué lugar se
hallan.
Imagínese
pueblos humanos con mentalidad represiva y castigadora, con mentalidad inquisidora o totalitaria que
pida cada vez más penas, más
castigos, más tipos penales, más cárceles, más cumplimientos de las penas,
menos pensamiento de integración del
preso en la sociedad y que piensan que es preferible a un delincuente en la cárcel, a que este
libre y pueda cometer un delito.
Estos salvajes de los que estamos hablando, no rezan
con los derechos humanos, son
inmorales, no son éticos, no son como
nosotros, españoles de mentalidad de izquierda, octava potencia del
mundo.
Nosotros, los españoles, faro de ética y de mentalidad de izquierda del mundo
moderno, deploramos las conductas de esos otros.
Son tan salvajes esos seres inferiores del tercer
mundo, que no respetan los derechos humanos. Son tan represivos e
intolerantes, que la presunción de
culpabilidad (articulo 11) es superior en la práctica real en su
aplicación que la de la inocencia; salvo en los accidentes de tráfico, en los
que se pretende beneficiar a las Compañías de Seguros que dominan el tercer
mundo.